lunes, 26 de octubre de 2009

 











La luna,
siempre la luna...

Esa tenue luz que nos acaricia,
escurridiza, solitaria,
que nos acompaña en nuestro deambular nocturno,
siguiendonos, vigilando en la distancia...

La luna,
siempre la luna...

Esa divina soledad tan pura,
esa inocencia que nos irradia cada noche
tiene -por momentos- la dicha de la caricia prohibida,
las nubes que la visitan en su nocturna prisión celestial...







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